Por Arantza Echaniz Barrondo (Universidad de Deusto)
Una frase que se suele escuchar muy a menudo es que existe una crisis de valores. Creo que no se puede hablar de crisis de valores, sino de valores en cambio. Valores siempre hay, aunque no siempre sean los más adecuados.
Parafraseando a Jeremy Rifkin, Presidente de Foundation on Economic Trends, no nos encontramos en un cambio de era sino en una era de cambios. EcoEuskadi 2020 (2011a) señala cambios importantes en el entorno, entre los cuales caben destacar: 1) cambios demográficos que ponen en peligro el relevo generacional; 2) caminamos hacia el agotamiento de recursos fundamentales (agua, materias primas, etc.); 3) cambio climático; y 4) pobreza extrema en países sin perspectivas de desarrollo que conducirá a movimientos migratorios. Ante un nuevo contexto hacen falta nuevas soluciones y los valores se deben adecuar, sin que todo valga ni se renuncie a unos mínimos necesarios para la convivencia y la cohesión social. “Todo ello necesita un sustrato y una ética de convivencia, tolerancia mutua y construcción social que podríamos denominar de «Ética de mínimos» ya que vivimos tiempos en los que la diversidad de las personas nos lleva a distintas interpretaciones del mundo y nuestro paso por él” (EcoEuskadi 2020, 2011a, p.26). Cuando se habla de Ética de mínimos nos referimos a aquellos principios y valores necesarios para la convivencia pacífica de todas las personas y que los podríamos visualizar en la Declaración de Derechos Humanos de 1948 y sus posteriores ampliaciones.
EcoEuskadi 2020 (2011b) señala que a los valores que han conformado nuestra sociedad: espíritu de iniciativa, solidaridad y justicia equitativa, honestidad en el trabajo desde un consenso ético compartido; hay que añadir nuevos valores: pasión por el conocimiento; cooperación; apertura al cambio; y admisión de la Globalización.
Me gustaría añadir, o insistir, en tres valores que deberían estar presentes tanto en la ciudadanía como en las administraciones públicas; así como en organizaciones, instituciones y empresas. Los tres valores que quiero añadir son: confianza, transparencia y responsabilidad.
La confianza es la base de cualquier relación. La confianza se construye paso a paso, peldaño a peldaño. Unas decisiones o actuaciones van siendo la base de otras. La cimentación de la confianza requiere tiempo y hechos, aunque el primer paso siempre debe ser el de confiar. Como decía un profesor mío: “la confianza se da”. La ciudadanía debe confiar en el bien hacer de quienes nos dirigen, lo que no supone una aceptación acrítica de cualquier decisión o actuación; y también se debe involucrar en la vida social y los problemas que la acucian, y no esperar a que las instituciones solucionen todo.
La contrapartida de la confianza sería la transparencia. Las instituciones deben tener una gestión transparente y justa. “Transparencia para construir relaciones, y transparencia para que todas las partes sepan a qué atenerse y modulen sus expectativas en el seno de dichas relaciones” (Lozano, 2005, p.16).
En último lugar quiero mencionar la responsabilidad. El filósofo alemán Hans Jonas enunció el imperativo ético contemporáneo, en El principio de responsabilidad, como: “No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la tierra”, que también se puede formular positivamente: “Incluye en tu elección presente, como objeto también de tu querer, la futura integridad del hombre”. No es posible hablar de sostenibilidad sin tener en cuenta este imperativo, que necesita del compromiso de individuos e instituciones, que es básico para el bien común. “Hoy la realidad nos dice que las responsabilidades son compartidas; que no debemos reducirnos a hablar de mis responsabilidades y que debemos aprender a hablar de nuestras responsabilidades. Hoy la ética de la responsabilidad sólo puede ser una ética de la co-responsabilidad” (Lozano, 2005, p.17).
En una ocasión un amigo me preguntó a ver cómo se podían transmitir los valores y yo le contesté que en acción, en la práctica, por medio de las acciones. Que el ejemplo es fundamental. Nos animo a todos a hacer de los valores aquí mencionados la guía de nuestras decisiones y acciones para así contribuir a una sociedad mejor.
Bibliografía:
- · EcoEuskadi 2020 (2011a): Diagnóstico de situación para una Euskadi sostenible en 2020. Resumen ejecutivo (documento de trabajo). Disponible en www.ecoeuskadi2020.net/pdf/es/Resumen_ejecutivo_ecoeuskadi2020.pdf
- · EcoEuskadi 2020 (2011b): Principales desafíos del desarrollo sostenible en Euskadi. Disponible en: http://www.ecoeuskadi2020.net/pdf/es/Desafios.pdf
- Lozano, Josep María (2005): “Transparencia para construir relaciones “. Valores DKV: ideas para un futuro mejor, N. 1, pp. 16-17. Disponible en www.josepmlozano.cat






