Producción y consumo sostenible

Sara Muñoz Santos (UPV/EHU Universidad del País Vasco).- Sin ánimo de entrar en postulados de las teorías del decrecimiento, las cuales esgrimen que la única forma de conservar el medioambiente es reducir la producción económica; iniciativas como EcoEuskadi 2020 abogan por un modelo de producción y consumo selectivo, inteligente y sustentable.

Es necesario eliminar paulatinamente el círculo vicioso que liga el crecimiento económico al uso de combustibles fósiles; y convierte la búsqueda de la competitividad empresarial en el némesis de la protección medioambiental. Uno de los retos más importantes de cara a lograr el desarrollo sostenible es la integración del input medioambiental en los sistemas de producción existentes para lograr un mayor aprovechamiento de los recursos utilizados, reduciendo las emisiones (promoción de fuentes de energía alternativas, apuesta por los coches híbridos, fomento del transporte público, acceso a alimentos libres de aditivos químicos)

Por otro lado, pero paralelo a lo anterior, consumir de forma sostenible, es recurrir al uso de bienes y servicios que respondan a la satisfacción de las necesidades básicas, pero que no comprometan la calidad de vida del planeta ni las necesidades de generaciones futuras, minimizando el uso de recursos naturales y materias tóxicas.

Pese a todo este planteamiento, quizá abstracto y difuso; es innegable la existencia de una mayor concienciación público-privada del impacto de las actividades de producción y consumo sobre el medio; y su incipiente inclusión en políticas públicas, a fin de lograr un cambio en las tendencias actuales y compatibilizarlas con el planeta y  la actividad humana.

La dinámica de consumo en Euskadi se presenta como globalmente insostenible. El punto de partida de esta afirmación, a simple vista tremendista, se sitúa en el agotamiento de las materias primas y la energía. A esto hemos de sumarle, el hecho de que en la CAPV, cimentada sobre la industria de transformados, estas materias primas, cada vez más demandadas,  han de ser importadas; lo cual implica un riesgo de encarecimiento en el medio plazo. Por otro lado, no existen pruebas fácticas de que incrementos en el consumo conlleven mejoras en el bienestar y la calidad de vida.

El planteamiento de modelos alternativos de producción y consumo resulta a todas luces, incontestable. Procesos participativos como los integrados en la iniciativa EcoEuskadi2020, hacen frente al que representaría un problema perenne en la asunción de una cultura sostenible: el escepticismo de los consumidores ante tanta y tan variada información ambiental sobre productos y servicios. Desde la C.A del País Vasco se producen avances hacia la consecución de una definición conjunta, única e inequívoca de “consumo sostenible”.  Se ha situar el acento en el grado de compromiso de los consumidores, su disposición a modificar determinados hábitos de consumo, a fin de ver la permeabilidad de las campañas de sensibilización medioambiental.

Partiendo de que la mayor parte de la población vasca muestra una disposición favorable a modificar sus hábitos de consumo (EcoBarómetro 2008), se precisa localizar un “engranaje” entre producción y consumo sostenible. Este nexo residiría en la difusión mediática de logros y resultados de las actuaciones verdes de las empresas y de la AAPP a fin de convertir las pautas de intervención en algo palpable.

El “boom” de los negocios ecológicos, el desarrollo de productos innovadores y respetuosos con el medioambiente (véase la apuesta fehaciente de las empresas vascas por los biocombustibles) no solo genera buena prensa, sino que va indefectiblemente ligado a campañas de concienciación, convenios de colaboración público-privados, cooperación con centros educativos…  Pues de poco sirven las innovaciones productivas (sistemas de reciclaje, investigación de nuevos materiales de ahorro energético o la apuesta por la “química verde”); si no se producen cambios sistémicos en las pautas de consumo.

Destacar, en última instancia, la trayectoria positiva de la CAPV y de su tejido empresarial en cuanto a eficiencia energética, materiales y reciclaje; que encuentra en el eco-diseño y la eco-innovación su gran oportunidad. A este respecto mencionar, que pese a que el “liderazgo sostenible” quede en manos de centros tecnológicos y empresas multinacionales, las Pymes, apoyadas por las diferentes administraciones públicas, generan avances en esta línea. Las certificaciones medioambientales dirigidas a los comercios locales (Sello comercio verde) se han convertido en un factor competitivo con el que hacer frente al desvío de negocio hacia las grandes superficies. Las ecoetiquetas en los productos han de convertirse en fuentes de valor añadido.

Como hándicap mencionar que  el grueso de la industria vasca se ampara en el uso intensivo de materiales, pero carece de materias primas propias; lo cual implica una dependencia exterior ineludible y podría acarrear un desplazamiento competitivo; contrarrestable, eso sí, con la creación de una conexión firme entre ciencia y tecnología y eco-innovación.

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3 Responses to Producción y consumo sostenible

  1. sandra dice:

    toda iniciativa que intente minimizar el impacto de las contaminaciones en el medio ambiente tiene que ser bienvenida, porque si seguimos en el mismo camino nos veremos destruidos rapidamente.

  2. Eider dice:

    Ecoeuskadi = eco capitalismo = eco esclavitud = eco neoliberalismo = eco hambre = eco miseria = eco injusticia = eco fascismo!
    Ze ondo, eco mundu bat! ze polita ze, dibertigarria! :)

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